martes, 28 de febrero de 2012

Los temas y teorías esenciales de Marx, una visión crítica.

Nota: Este texto es un ensayo entregable para la asignatura "Historia del Pensamiento Económico", por lo que no es ni ameno ni divulgativo, pero espero que algo se entienda.

                A pesar de la influencia y aceptación que aún hoy en día gozan las teorías de Karl Marx, no han sido poco los que han conseguido encontrar brechas y en algunos casos abismos en sus teorías, desde la pequeña modificación o eliminación de alguna de las teorías del filosofo alemán hasta una crítica global a todo su pensamiento, como harían los economistas de la escuela austríaca en el siglo XX.
                En este ensayo nos centraremos en dos conceptos muy ligados, pero con diferencias: el valor trabajo y la explotación. El “valor trabajo” está en el centro del pensamiento marxista, según él un trabajador debería ser remunerado por el total de su aportación a la producción, y cualquier apropiación de este excedente (plusvalía) por parte del capitalista sería una explotación del trabajador (proletario). Es en base a estas dos teorías sobre las que Marx desarrollará gran parte de su posterior pensamiento.
                Sobre el primero, el valor trabajo, éste sería el trabajo socialmente necesario para la producción de una mercancía, lo que Marx decía era que todo el fruto de este trabajo era propiedad del trabajador, es decir, que el trabajador tiene derecho a todo el fruto de su trabajo. Hasta este punto todo parece encajar, y uno podría decir sentirse explotado si no recibe el fruto de todo lo que aporta al proceso productivo. Pero a esto último llegaremos en unos párrafos.
                Antes de ello y volviendo al fruto del trabajo Marx parecía olvidarse, o parecía querer olvidarse de dos conceptos muy importantes para el proceso productivo de cualquier economía: capital y tecnología. Marx aportaba toda la plusvalía del trabajo a la fuerza laboral, dejando de lado quién había pagado la maquinaria, la nave, las licencias, o la forma u organización del trabajo, las patentes… ¿No se debería remunerar esto también? ¿Podrían producir lo mismo esos mismos trabajadores sin el capital aportado por el socio capitalista, ni por la tecnología aportada por otros socios de la empresa?  Esto en verdad se podría volver contra Marx y argumentar que el fruto del trabajo es aquello que el trabajador hubiera producido sin tecnología ni capital, él y sus compañeros solos, sin maquinaria ni naves ni patentes. Obviamente esto último no tiene mucho sentido si tenemos en cuenta las sinergias que producen el capital, el trabajo y la tecnología cuando trabajan juntas.
                Así que, ¿cómo valoramos la aportación del trabajo? Aquí creo como opción correcta la utilización del ingreso marginal, es decir: qué gana la empresa contratando a ese trabajador, o qué dejaría de ganar si lo despidiera. En un mundo económicamente perfecto esto sería lo ideal, pero distamos mucho de encontrarnos en uno de esos.


Sobre la explotación me detendré menos con ella, ya que está muy ligada al argumento anterior, pero incuestionablemente es un asunto que hoy en día todavía utilizan muchos trabajadores para referirse a su situación actual, se sienten explotados por sus jefes (curioso también es, que algunas de esas personas también piden encarecer el despido). Pero ¿qué pensaría Marx hoy de los que claman ser explotados si viera las condiciones en las que se trabaja hoy en día en la mayoría de puestos de trabajo? Si, existen casos extremos y de obvia explotación, pero gracias a los avances conseguidos son marginales. ¿Realmente está siendo explotado un operario que trabaja 40h semanales, con 14 pagas anuales, 1 mes de vacaciones (pagadas), seguridad social a cargo de la empresa, posibilidad de asociarse a un sindicato y etc…? Las dudas saltan a montones.
Si tan preocupados estamos de la explotación laboral, sería mejor utilizar un poquito de la lógica maxmin e intentar mejorar la posición de aquellos que aún hoy todavía son explotados, ya sea aquí o en otra parte del mundo, y compararlos con nosotros mismos para ver realmente si existe una explotación.
No podría acabar este ensayo sobre las teorías de Karl Marx y de lo que generó el socialismo sin mencionar a la escuela de economistas que probablemente más criticó al filósofo alemán y su sistema de ordenación social, la Escuela Austríaca:
La dictadura del proletariado nace como la respuesta marxista a una sociedad capitalista, en la que supuestamente una parte de la población (burgueses) explotaba a los trabajadores (proletarios), para darle la vuelta a la tortilla haría falta eliminar la propiedad privada y hacerla colectiva, así rápidamente sin especificar detalles, nada es tuyo, todo es de todos. Para llevar a cabo esta “colectivización” habría que expropiar a los poseedores de propiedad privada (obviamente sin compensación), es decir, el Estado se creería en el poder de quitar a su antojo las posesiones de sus ciudadanos que creyera conveniente. Es más, para hacer esto haría falta que alguien dictara las normas, y lo que es peor, alguien que controlara todo lo apropiado y lo redistribuyera entre los ciudadanos, ¿Quiénes serían estos “ángeles” (como decía M. Friedman) que organizarían la sociedad dotando a cada individuo lo que necesite? Y lo que para los austríacos es aún peor: Perderíamos la libertad, como personas, de poder elegir lo que es mejor para nosotros, en qué trabajar, en qué educarnos, en qué investigar, a dónde viajar; porque toda nuestra vida estaría regida por el Estado, que se cree en posesión de toda la información necesaria para organizar perfectamente la economía.
Y toda esta sumisión al estado, ¿por qué? Porque supuestamente es lo mejor para todos, y porque así ningún obrero se sentiría explotado por ningún capitalista malvado come beneficios, y digo yo ¿no nos seríamos explotados por el Estado? Creo que en una sociedad comunista el Estado es el capitalista, el que se lleva el fruto del trabajo de los obreros. Lo que en principio parece ser un sistema social mucho más justo y equitativo acaba siendo un gran ordenador con poder absoluto que se cree capaz de pensar mejor que las personas.

Perdón por la chapa. Un saludo. :-)

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